En la calle

Decir que NO

6 Marzo 2005 10:46

Estoy en mi casa, tranquilita, sin ninguna otra preocupación que mi relajo. A lo mejor estoy simplemente tumbada en el sofá, o voy en pijama (o no), o llevo el peor de los atuendos rescatado de la ropa que queda limpia. Y… LLAMAN A LA PUERTA.

Hago lo que me apetece y… no me apetece atender a nadie en este momento. No me apetece, para nada, abrir. Pienso que si se trata de algo o alguien importante me llamará por teléfono. O si no tiene mi número y ha llamado a mi puerta, me dejará una nota.

Cuando yo pueda o me apetezca, contestaré o atenderé.

Tengo asumido mi dereho a no contestar al teléfono, pero ¿por qué me cuesta asumir el mismo derecho que tengo a no abrir la puerta?

A veces hablo de todo esto con mi amiga Alaska, que me habla del arte de decir que no, y con mi amiga Christina Rosenvinge que me recuerda el derecho a no estar.

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